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Vélez Blanco, balcón a la esperanza


Vélez Blanco, un balcón a la esperanza. 
Una tierra que nos invita a quedarnos, a dejar nuestra semilla en ella. 
En el Neolítico los brujos ya bendecían y alababan estos montes. 
En nuestra era, grandes urbes, como New York, suspiran por sus piedras, tanto, que se hicieron con algunas de ellas para lucirlas orgullosos.




Los egetanos, saben que hay algo que no les pueden quitar, algo que se siente en cada esquina, en el gorgoteo de sus fuentes, en el agua que corre y salta alegre por las pendientes de sus calles. Algo que nos guiña, cómplice, seductor, nos invita a quedarnos; pero como ese agua, nosotros, tenemos que marcharnos. Una parte se nos queda prendida a la sombra de sus arboles, esa que va recorriendo estas piedras centenarias. Ahora entendemos por qué esa sombra es tan oscura, tan espesa, no somos los primeros rendidos a sus encantos, ni seremos los últimos.





Vélez Blanco, es un municipio situado al norte de la provincia de Almería, en la comarca de los Vélez, incluido en el Parque Natural de la Sierra de Marí­a-Los Vélez, caracterizado por su clima mediterráneo continental, por sus montañas agrestes de materiales calizos y dolomí­ticos, por sus masas forestales de pinares y encinas.


Además de esta impresionante riqueza natural, cuenta el pueblo con una estructura urbana heredada de la época árabe, muy bien conservada y cuidada, que se corresponde con la belleza de todo el conjunto, presidido por el impresionante Castillo renacentista de Vélez Blanco, del que sólo queda la parte exterior pues la ornamentación interior fue vendida por sus propietarios a un anticuario francés en 1903. Éste a su vez la vendió a un empresario americano, acabando finalmente en el Metropolitan Museum de Nueva York. Actualmente se está haciendo una labor de restauración impresionante a cargo del Estudio de Arquitectura Pedro Salmerón.


Ya en el Neolítico lo tenían claro, esta tierra es para vivirla, la riqueza arqueológica no deja margen a las dudas: la Cueva de Ambrosio, las pinturas rupestres de los abrigos de Santonge, de los Calares de Leria, la de Gabar y sobre todo la Cueva de los Letreros, declarada Monumento Nacional, y donde se encuentra la pintura que se ha convertido en el sí­mbolo de Almería: el Indalo. Una figura que representa una plegaria a los cielos pidiendo protección, o un cazador con su arco. El brujo es otra misteriosa figura que aparece en la cueva, símbolo de Vélez Blanco





Gracias @claudiapastorv por la foto


Gracias a la iniciativa A una hora de, tuvimos el privilegio de hacer una visita muy especial. Nos quedó mucho por ver, está declarado conjunto histórico monumental, concentra la mayor cantidad de abrigos pintados del levante español. Nos quedó mucho por degustar, su gastronomía es excelente.

Comimos en el Bar Sociedad, el centro social, cultural, más antiguo de la comarca. Allí acabaron de seducirnos, unas tapas típicas de la zona, deliciosas, con productos de primera calidad, elaboradas con el buen hacer que da la experiencia de años sirviendo a una clientela fiel. Encantadores en el trato y en el servicio.

No se puede pedir más, bueno si, queremos volver.










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